-Cannabis reconocido con uso médico potencial; impulsa investigación y ajustes regulatorios.
-Trump firma decreto que reclasifica la marihuana en EE.UU., facilitando investigación y acceso médico
Redacción / Información internacional.
El presidente Donald Trump firmó este jueves una orden ejecutiva que reubica la marihuana de la Lista I a la Lista III del sistema federal de control de sustancias en Estados Unidos, marcando el cambio más significativo en la política antidrogas del país en décadas. Aunque la planta sigue siendo ilegal a nivel federal, su nueva clasificación reconoce explícitamente su potencial terapéutico y reduce restricciones para su estudio científico.
La medida, impulsada tras intensa presión de la industria del cannabis y respaldada por argumentos médicos, sitúa a la marihuana en la misma categoría que medicamentos como el Tylenol con codeína, la ketamina y los esteroides anabólicos. Según la Administración para el Control de Drogas (DEA), las sustancias de Lista III presentan un “potencial de dependencia física y psicológica moderado o bajo”, en contraste con la Lista I, que agrupa drogas como la heroína, el LSD o el éxtasis, consideradas sin valor médico aceptado.
El decreto no legaliza el uso recreativo ni modifica las leyes penales federales, pero sí facilita ensayos clínicos, permite que universidades y laboratorios realicen investigaciones sin tantas trabas administrativas y abre la puerta a una regulación más coherente entre los estados —24 de los 50 ya han legalizado el cannabis recreativo— y el gobierno federal. Además, la reclasificación podría aliviar la carga fiscal de las empresas del sector, que actualmente no pueden deducir gastos operativos comunes debido a su estatus bajo la Lista I.
Como parte del mismo anuncio, Trump instruyó a la Casa Blanca a colaborar con el Congreso para permitir el acceso al cannabidiol (CBD) a beneficiarios del programa Medicaid, sin costo si hay prescripción médica. El Dr. Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, indicó que un nuevo modelo de innovación permitirá que millones de adultos mayores reciban CBD a partir de abril de 2026.
La orden también aborda restricciones recientes sobre productos de cáñamo: la última ley de financiamiento federal limitó el contenido de THC a 0,4 miligramos por miligramo, lo que generó preocupación entre productores y pacientes. Trump calificó esa cifra como “demasiado baja” y exigió su revisión.
Sin embargo, la decisión ha encontrado resistencia dentro del propio Partido Republicano. Veintidós senadores enviaron una carta al presidente argumentando que “facilitar el crecimiento de la industria de la marihuana está en contradicción con el fomento de estilos de vida saludables” y advirtieron sobre supuestos efectos adversos en la concentración y el juicio. Otros nueve representantes cuestionaron la falta de “datos científicos suficientes” para respaldar el cambio.
La medida también reactiva un proceso iniciado durante la administración de Joe Biden, cuando en abril de 2024 la DEA propuso la reclasificación, pero el avance se estancó por obstáculos burocráticos. Trump, quien durante su campaña de 2024 abogó por poner fin a “las interminables detenciones por pequeñas cantidades de marihuana”, ha mantenido conversaciones privadas con líderes del sector, incluidos los CEOs de Trulieve y Scotts Miracle-Gro, empresas que donaron millones a comités vinculados a su campaña.
A pesar del respaldo de la industria, expertos advierten que persisten incertidumbres legales. Por ejemplo, aunque la Lista III permite la prescripción médica, la marihuana sigue sin ser aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), lo que crea una zona gris para los médicos. “Los profesionales recibirán muchas consultas, pero no tendrán claridad sobre cómo guiar a sus pacientes”, señaló Sue Sisley, investigadora del Scottsdale Research Institute.
