Semana Política / Gabriel Sánchez Andraca

En el medio político se considera que, con motivo de las disputas al interior de Morena para la selección de candidatos a los puestos de elección popular para el 2021, surjan problemas entre los duros y los modernos integrantes de ese partido. Los que quieren acabar con todo y lograr el exterminio interno y externo de sus oponentes, exactamente igual de lo que ocurre en los partidos de derecha.

Los extremismos que conocemos desde las disputas universitarias de los años sesenta, durante el movimiento de reforma universitaria de la UAP, solo admiten a los que se doblegan a su narrativa, y los demás, deben ser desechados por tibios y cobardes.

Por fortuna tanto en la izquierda como en la derecha mexicana los fanáticos de uno y otro bando son minoría, si no lo fueran, provocarían una revolución armada.

Pero no es lo mismo ver las cosas desde afuera que desde dentro. Adentro debe haber sensibilidad de los dirigentes y capacidad de diálogo para equilibrar las cosas, aunque eso no es fácil, pues los extremos siempre son intransigentes.

Las cosas resultan más difíciles porque se definirán candidaturas para puestos de elección popular, entre ellas: 15 gubernaturas, 500 diputaciones federales, más de 40 diputaciones locales y 217 ayuntamientos en la entidad.

Morena no es un partido bien estructurado, ni bien orientado ideológicamente. Tiene la ventaja del gran número de simpatizantes, no del partido, pero sí de la figura máxima, el presidente López Obrador, a quien todos, hasta sus opositores, reconocen las grandes cualidades de líder, de las que carecen políticos de otros partidos o del mismo partido en el poder.

En las encuestas que han realizado empresas independientes y serias, el resultado siempre ha sido el mismo, Morena está arriba en la intención de voto.

El PRI por su parte, anda en las nubes. Fue el partido más poderoso, casi único, durante 80 años. Fue el mejor organizado en la historia del país y el único considerado realmente nacional, pues lo abarcaba todo: desde la Presidencia de la República, hasta la más humilde junta auxiliar o comisaría municipal.

Su desgaste inició con la llegada del grupo neoliberal, como ya lo hemos comentado, que cambio el sistema económico, que desde el triunfo de la Revolución tendió a resolver los graves problemas sociales, y que de la noche a la mañana cambio de rumbo y agudizó la desigualdad social, concentrando en pocas manos la riqueza nacional, aumentando el número de pobres y afectando de paso a las clases medias.

Después de mucho tiempo, 120 días para ser exactos, recibimos información del Comité Estatal del PRI que habla de la reorganización de 160 comités municipales de ese partido, y de que hay un proceso de unificación de todos los grupos priístas dispuestos a luchar por el triunfo en las elecciones próximas.

El dirigente estatal del tricolor, Néstor Camarillo Medina, tiene dos meses de haber asumido el cargo, habla de un priísmo fuerte y unido, y por eso puede levantar la voz cuando las cosas no se hacen bien… y se suelta con las conocidas críticas al gobierno actual, como también lo hace el delegado del comité nacional de su partido, don Américo Zúñiga Martínez.

Hablan de abandono al campo, de la violencia contra las mujeres, de destinar grandes recursos a las obras emblemáticas del actual régimen, etcétera. Nos ofrecen más datos sobre la violencia antifeminista, que, de la reestructuración de su partido, que según dicen las malas lenguas, está por debajo, por lo menos en los principales municipios de la entidad, de las intenciones de voto de las que tiene Acción Nacional, y eso que el PAN acaba de dejar el poder en Puebla con una serie de problemas sociales y económicos difíciles de afrontar.

El PAN dejó una deuda pública elevadísima, la más alta en la historia de este país y con obras de relumbrón sin beneficio real para la ciudadanía, entre otras cosas, y en todo el sexenio morenovallista, no hubo una sola crítica del PRI, ni siquiera cuando la fracción de ese partido en el Congreso local aprobó la privatización del agua y la famosa Ley Bala, acciones que fueron repudiadas por amplios sectores de la población.

Nos da gusto que el premio de “Literatura confinada” convocado por la Secretaría de Cultura del Estado, lo haya obtenido un buen amigo nuestro, el maestro Víctor Vaca, con una novela en la que se aborda el tema de los despidos en instituciones oficiales y de los sentimientos que provoca. El premio consiste en una cantidad en efectivo, en la edición y distribución de la obra. Enhorabuena.