Dázü, emociones, cultura y felicidad

Kerem Camarillo Pérez

Por: Kerem Camarillo Pérez, 13 años. Secundaria del Centro Escolar Presidente Lázaro Cárdenas

Pablo es un joven de 13 años alegre y amistoso.

Una noche soñó que estaba a la orilla del mar, contemplando ese mar cristalino – ¡Qué agua tan azul! – dijo, comenzó a caminar por la playa encontrando conchas de mar de distintos colores, azules, rosaditas, amarillitas…,

¡Pablito, Pablito!, dijo su amiga Sofía

¡Hola! – dijo Pablo, y caminaron juntos mientras platicaban de las travesuras de sus amigos y los exámenes, cuando a lo lejos vieron unas lanchas, en ellas se encontraba Mariana, mamá de Pablo

¡vengan, vengan!, súbanse, agárrense fuerte; y los tres fueron a disfrutar el mar.

Mientras más avanzaban, Pablo miraba a los peces, a los corales de colores y otros animalitos bajo el mar, era algo increíble, hermoso, fantástico. Por fin, llegó el atardecer, para él la mar era sorprendente.

¡Pablito despierta, despierta! -dijo su mamá.

Pablo se despertó y le contó todo lo que soñó, ella le dijo que tenía que ir a la escuela, que no perdiera más tiempo.
Al llegar a la escuela le contó a su amiga Sofía lo que había soñado.

Yo quiero ir a la playa y conocer el mar ¿tú no?, dijo Sofía.

Sí, yo igual lo quiero conocer- exclamó Pablo.

En las vacaciones vamos, ¿que te parece? Hay que decirle a nuestros padres, dijo Sofía emocionada.

Está bien yo te aviso.

Así Pablo y Sofía pronto cumplirían su sueño de ir a la playa.

Pasaron meses y al fin llegó el día del viaje. Cuando llegaron, los dos fueron corriendo hacia el mar, pero se llevaron tremenda sorpresa, el mar no era como se lo habían imaginado, Pablo se acercó y dijo:

No es igual al de mi sueño; el agua no estaba azul.

El mar tenía un tono grisáceo; pero, bueno, tenía la esperanza de encontrar conchitas de mar; pero en vez de eso encontraron una área donde desechaban la basura; también encontraron peces muertos. Después se subieron a una lancha, pero cuando ya estaban en el mar, no se veía ningún pez.

¡El mar está en agonía!, exclamó Pablo, no me imagino como estarán los peces.

¿Por qué lo dices?, dijo Sofía.

-¿No sabes?, el mar produce más oxigeno que los bosques, además dependemos de él para vivir, dijo Pablo asombrado de lo que había preguntado Sofía.

Ya entiendo.

Cuando de pronto interrumpió la plática el joven lanchero que los acompañaba:

Mira, jovencita, como tú hay muchas personas en el mundo que no ven la importancia del mar, millones de toneladas de basura llegan a él cada año y casi todo es plástico, las grandes industrias lanzan sus desechos, las aguas residuales y los derrames de petróleo, la sobrepesca y el tráfico de especies marinas en peligro de extinción…, es muy triste.

Pero ¿qué podemos hacer? – dijo Sofía.

– Ser conscientes; si el mar se acaba ya no podremos vivir; la verdad, no me imaginaba así de sucio el mar, dijo Pablo preocupado.

Cuando Sofía y Pablo bajaron de la lancha vieron que muchas personas contaminaban la playa, a nadie le importaba que estuvieran contaminando. Cuando el papá de Sofía se percató de que se interesaban mucho en el cuidado del mar les dijo:

¿Por qué no exponen este problema que ocurre con el mar en su escuela?, cuando regresen a clases sería un tema muy interesante.

Sí, papá, tienes razón; reuniremos la información necesaria y nos pondremos a trabajar.

Al llegar a su casa comenzaron a investigar, los resultados eran sorprendentes.

El mar controla el clima del mundo, además, en su interior hay miles de especies que nos proveen de nutrientes, se estima que para el año 2050 el mar se estará agotando, quedándonos sin los beneficios que nos otorga.

¿Te das cuenta de la importancia del mar?, dijo Pablo.

Claro que sí, toda la información es importante, pero si el mar está tan contaminado y es tan importante ¿Por qué los demás no se dan cuenta?, dijo Sofía.

Falta conciencia, recuerda lo que nos dijo el lanchero.

Pablo y Sofía con toda la información que recabaron hicieron un proyecto de limpieza, y se organizaron para limpiar la playa cada sábado sin faltar uno solo.

Han pasado muchos años y hoy son los activistas ambientales más importantes del estado de Veracruz.

“Tengo la esperanza de volver a ver el mar como el de mi sueño”; este es lema permanente de Pablo.