Familia deja EE.UU. para no separarse

Padre sin estatus legal impulsa mudanza voluntaria tras dos décadas.

Andrés Martínez / Long Beach

Tras construir una vida durante veinte años en Long Beach, California, la familia Burgueño ha emprendido un viaje inverso al sueño americano. Sin una orden de deportación que los obligara, vendieron su negocio familiar, empacaron sus pertenencias y cruzaron voluntariamente la frontera hacia México. La decisión, desgarradora pero unánime, tuvo un único objetivo: preservar la unidad familiar ante la constante amenaza de que el padre, Francisco, fuera detenido debido a su situación migratoria irregular.

El núcleo familiar encarna una realidad compleja del sistema migratorio estadounidense. Mientras que la madre, Sonia, y sus dos hijos son ciudadanos estadounidenses por nacimiento, Francisco carecía de un estatus legal regularizado. Esta configuración, compartida por miles de hogares en el país, creaba una vulnerabilidad permanente. El temor a una separación forzada por una eventual detención pesó más que la estabilidad lograda con esfuerzo.

Durante dos décadas, los Burgueño echaron raíces profundas en su comunidad. Francisco y Sonia levantaron desde cero un próspero negocio de jardinería que les proporcionó sustento económico y les permitió tejer una red de relaciones. A pesar de este arraigo y de su matrimonio con una ciudadana, Francisco enfrentaba un obstáculo legal insuperable: una deportación previa recibida cuando tenía 19 años, la cual cerró puertas a futuros arreglos migratorios, según explicó la familia.

La salida definitiva se materializó por el cruce fronterizo de Otay Mesa. En el momento de cruzar, las autoridades fronterizas estadounidenses interceptaron a Francisco. El procedimiento fue administrativo pero categórico: tras tomarle las huellas dactilares, se le notificó oficialmente que no podría solicitar ingresar a Estados Unidos durante los próximos diez años.

En declaraciones a Telemundo, Francisco expresó sentimientos encontrados. «Me siento humillado, ya no tenía esperanza de que podía vivir con libertad en ese país», confesó. Sin embargo, frente a la adversidad, prevalece un principio rector para la familia. «Nos vamos juntos, y eso es lo más importante», agregó el padre de familia, subrayando que la decisión final fue un acto de autonomía para proteger su vínculo.

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