Luisito en Huaquechula: Influencer vive Día de Muertos en Puebla

Juan Rubio / Huaquechula, Pue.

El creador de contenido Luisito Comunica eligió el pueblo de Huaquechula, en Puebla, para inmersionarse en una de las celebraciones más simbólicas del país: el Día de Muertos. Entre altares monumentales, tacos de cecina y calles adornadas con cempasúchil, su visita se convirtió en un recorrido audiovisual que capturó tanto la riqueza cultural del lugar como una dura realidad: la presencia de violencia en la vida cotidiana.

Con su característico tono desenfadado y curioso, Luisito Comunica documentó en sus historias de Instagram cada rincón del pueblo sureño. Desde su llegada, el influencer —oriundo de Puebla— bromeó sobre el origen del nombre “Huaquechula” y compartió escenas cotidianas: una tiendita donde los clientes se dejan encendedores y cervezas, puestos callejeros con comida típica y calles engalanadas con figuras tradicionales como los voladores de Papantla y toritos de pirotecnia.

Vestido con un antifaz de catrina y un sombrero chino de palma, intentó pasar desapercibido, pero su presencia no pasó inadvertida. Vecinos y turistas lo reconocieron y pidieron tomarse fotos con él, imágenes que luego circularon en redes sociales con orgullo local.

Sin embargo, su recorrido también tuvo un giro inesperado. En medio de la celebración, el creador de contenido se topó con una patrulla de la Policía Municipal agujereada por impactos de bala. “Asu madre, ese poli se rifó en una fea fea”, comentó con estupor, evidenciando el contraste entre la festividad y la violencia latente.

Ese mismo fin de semana, Luisito se refirió públicamente al asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ocurrido en Michoacán. Lamentó que en México “si quieres hacer las cosas bien, te matan los malos”, y señaló que evita hablar de política o seguridad por las campañas de desprestigio que suele recibir. Aun así, no calló su crítica: “En México, así es”, afirmó con resignación.

Su visita a Huaquechula no solo fue un homenaje a la tradición; también fue un retrato en movimiento de un país que celebra a sus muertos mientras convive con la inseguridad. A través de su lente, millones de seguidores pudieron ver cómo la vida y la muerte, la alegría y el miedo, coexisten en las mismas calles.

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