La semana pasada se agudizó la guerra sucia entre los partidos políticos que en coaliciones compiten por la Presidencia de la República, como la principal estrategia de campaña; muy atareados han estado en sacarle los trapitos al sol a sus contrincantes, con la esperanza de que eso afecte las simpatías de los electores.

Primero, en las mal llamadas precampañas, se acusó a la coalición “Hagamos Historia” de recibir apoyos de Rusia; se afirmó esto en todos los tonos. En todos los medios y por parte de todos los dirigentes del Partido Revolucionario (¿) Institucional.

Luego se han enfocado las baterías contra el aspirante de la coalición “Por México al Frente”, Ricardo Anaya, primero poniendo en duda el origen de su riqueza y la semana pasada al acusarlo de lavado de dinero al triangular fondos públicos en paraísos fiscales.

Pero el PRI no ha salido limpio de esta guerra; primero le recordaron los desvíos de recursos de gobernadores; luego la triangulación de dinero público para la campaña de 2017 en Chihuahua y recientemente de desvío de recursos de las Secretarías de Desarrollo Social (Sedesol) y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), en las gestiones de Rosario Robles.

Sin duda, estas acusaciones aumentan el desprestigio en el que ha caído el partido tricolor, sobre todo por las torpezas del gobierno actual; pero los señalamientos en contra de Rosario Robles, apuntan hacia el candidato José Antonio Meade Kuribreña, ya que éste sustituyó a Robles en la Sedesol y después fue titular de la Secretaría de Hacienda.

La Auditoría Superior de la Federación informó que se detectó un presunto desvío de recursos públicos, entre 2012 y 2016 por seis mil 879 millones de pesos, a través de un mecanismo que permitió la contratación de otras entidades públicas para realizar trabajos para los cuales no eran competentes, recursos que se triangularon hacia empresas privadas inexistentes o fantasmas.

Las reacciones de los tres aspirantes no se han hecho esperar. Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya y José Antonio Meade han reaccionado.

El no priista candidato del PRI José Antonio Meade se deslindó de las presuntas acciones de su antecesora en la Sedesol y afirmó que no hay nada que lo involucre en los presuntos ilícitos de Rosario Robles y pidió a las autoridades que se deslinden responsabilidades. Pero el asunto está en los medios y en las redes sociales y forma parte de la guerra sucia en contra del candidato.

En cuanto a Ricardo Anaya, él y los partidos que lo impulsan han acusado directamente al PRI de estar atrás de la campaña en su contra. Como parte de la respuesta, el candidato se presentó ante la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), para solicitar se le informe si existe una averiguación en su contra.

Sin embargo, la Procuraduría General de la República hizo público el video de esa presentación y los medios lo difundieron con diversos encabezados, por lo que Anaya acusó a la institución encargada de procurar justicia de haber sido convertida en la oficina de guerra sucia del PRI.

Por su parte, Andrés Manuel López Obrador respondió con ironía a la acusación de recibir dinero de Rusia, al grado de autodenominarse Manuelovich y afirmar en Veracruz estar esperando el submarino ruso que le llevaría dinero.

Sin embargo, ante las acusaciones mutuas entre el PRI y Ricardo Anaya, a quienes pidió esclarecer los hechos y no involucrarse en una guerra, López Obrador dijo estar preparado para enfrentar la guerra sucia que prepara el gobierno federal en su contra. “Ya llevo años enfrentándola, pero no voy a confrontar al régimen, al gobierno ni a nadie”, señaló.

Es una lástima que se anuncie con claridad que las campañas electorales estarán regidas por la guerra sucia; esto indica en quienes la fomentan y aplican la carencia de un proyecto serio, sustentado en el conocimiento de la realidad nacional y en los principios ideológicos y políticos del partido, para responder a un país en crisis al que ya no se le puede aplicar la misma receta de los últimos 30 años. 

Los mexicanos no merecemos una contienda de lodo y excremento; queremos propuestas serias y viables para el presente y el futuro del país.

 

 

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