Por: Por: Manuel Alejandro Moreno Álvarez

Echarse un clavado en las redes sociales locales, donde pululan las páginas y perfiles “noticiosos” sin razón social, es una aventura que comprueba con creces la falta de responsabilidad social y pública que impera en algunos izucarenses. En la vorágine de querer hacer efectiva la inaplazable libertad de expresión, se pasa por encima de la ética, del respeto al otro, y se hacen trizas la historia y la memoria, rebasadas por opacas subjetividades que desafían la realidad y que tienen como principales antivalores la mentira y la difamación.

 “La ignorancia es atrevida”, reza el adagio, y de hecho lo es. En honor a la verdad y a la memoria, me dispongo a escribir un poco acerca de cómo se da el movimiento lopezobradorista en el municipio y la región, sí, ese movimiento social y ciudadano que hoy es un partido político del que todos se cuelgan milagritos, del que todos se dicen fundadores y quieren beneficiarse mediante “imprecisiones”, movimiento en el que nadie en el pasado reciente quería estar o comprometerse, porque no representaba lo que hoy representa y porque en su evolución y (¿necesario?) pragmatismo, ha desdibujado sus originales principios, y hecho a un lado a sus originales impulsores. Que quede claro que éste texto es sólo para refrescar la memoria colectiva.

¿Qué derecho me da opinar sobre el tema? Ni más ni menos que el hecho de haber sido uno de los ocho o diez fundadores del primer Comité Municipal del Gobierno Legítimo allá por 2007, célula primeriza que dio origen a lo que hoy entendemos como Morena Izúcar. Soy, puedo afirmarlo con orgullo y toda autoridad moral, alumno de José Agustín Ortiz Pinchetti, responsable regional, estratega y formador político del proyecto por aquellas épocas, él fue el maestro del que aprendimos en mucho cómo movernos y qué hacer frente al adversario e incluso contra el fuego amigo. 

Recuerdo muy bien cómo se nos ninguneaba al puñado de jóvenes que después del fraude contra Andrés Manuel en 2006, nos organizamos para hacer caminatas rumbo a la Ciudad de México a los mítines multitudinarios, porque no éramos del PRD, porque no éramos más que un grupo de pobretones, porque no teníamos para pagar el autobús para asistir al zócalo capitalino en apoyo de AMLO, porque éramos morros sin experiencia… pues no teníamos las “trayectorias de lucha” (todas inventadas) de los rancios perredistas.

En lo personal y en honor a la verdad, un servidor fue convocado por Melitón Lozano Pérez para formalizar mi participación en este primigenio comité. Yo casi no lo conocía, fue más bien por recomendaciones de Irene Olea, con quien ya había convivido en la hechura del fallido periódico Voces Informativas, en 2004. Las condiciones para entrarle al Comité Municipal piloto eran simples, pero certeras: querer participar en la transformación de nuestra nación, sin perseguir un puesto público. 

De hecho al ingresar nos hacían firmar un documento en donde uno renunciaba “a cualquier clase de puesto público”, era una forma de calar qué tan decente o indecente eras. Así, fui el primero o segundo Enlace entre el Comité Nacional del Gobierno Legítimo y nuestro naciente e incipiente Comité Municipal. Nuestra principal función, hacer más Comités en la región y adherir militantes por medio de los Protagonistas del Cambio Verdadero, credencializando simpatizantes obradoristas en barrios, pueblos, ranchos, colonias... con nuestros propios medios y recursos.

Nuestro Comité tenía como sede el patio trasero de la casa del profesor Melitón. Por eso cuando hoy leo que “Melitón Lozano entra a Morena con la mesa puesta” me parece una falta a la verdad y a la realidad, una grosería muy simplona a lo izucarense. Estoy seguro que quienes escriben eso responden a motivaciones sucias, o bien, que ignoran cómo se da y por la vía de quien, lo que hoy conocemos como el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA).

A nosotros como Comité Municipal del Gobierno Legítimo, con el apoyo de Melitón y de Juanita Marmolejo (ella también era parte del Comité), nos tocó la Defensa del Petróleo en 2008, cuando Calderón hizo su intentona de privatizar PEMEX, plantándonos mañana y tarde en mesas donde recabábamos firmas y repartíamos austeros folletitos con información. Nos tocó mediante esas y otras acciones poner los cimientos del hoy partido político y recuerdo bien que Melitón Lozano siempre estuvo ahí, y con esa consciencia no acepto un ninguneo, por parte de gente que desconoce a conveniencia esta historia reciente.

Ese pasado fue difícil y enriquecedor, porque ningún aspirante a político nos merecía atención, pues nadie pensaría que ese movimiento iba diez años después a convertirse en semejante partido político. Por eso, hoy, frente al arribismo de actores políticos ex priistas, ex perredistas, ex panistas y de todos los demás colores, frente al desconocimiento de nuevos integrantes, y porque siempre he tenido un sentido firme de la realidad como activo de la historia y la memoria, no puedo hacer mutis y tolerar esas acusaciones perversas que dicen que, antes de ellos no había nada. 

Lo digo como un lopezobradorista-morenista que nunca se ha beneficiado de su militancia y que nunca ha entorpecido el necesario crecimiento del proyecto, primero como movimiento, hoy como partido. Lo digo porque me interesa que este movimiento sume, pero siempre bajo un sentido responsable de la historia y la de memoria.

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