El héroe que da con su dedicación guerrera, rango a un pueblo llamado Izúcar, ya es a estas alturas del sitio de Cuautla, teniente Coronel de Estado Mayor. Los realistas son seis mil (Gabriel Agraz García de Alba), para Cárdenas de la Peña sustentado en sus fuentes (coincidentes todas) llegaron a contarse siete mil con el refuerzo de mil hombres del brigadier Llano.

Los americanos insurgentes sumarán tres o cuatro mil, haciendo una diferencia de tres mil hombres entre los sitiadores. Unos, enrolados en cuerpos de ejército ha tiempo y entrenados como tales, contando con lo útil para la guerra. Los otros, con un arma solitaria: “Independencia”.

Matamoros llega con setecientos hombres reclutados por Don José Perdiz en Jantetelco, incluyendo a los 47 de ahí mismo, que nombre tienen en la historia local de su ex curato, sigue diciendo C. de la Peña: “La Flor y Nata del Ejército virreinal sitiará procurando tomar a la ciudad al estilo antiguo: a sangre y fuego”.

(Ciudad sitiada. Ciudad tomada. Axioma bélico milenario). Cuenta “el más vanidoso de los generales virreinales” con los batallones recién desembarcados de España: El de Asturias y el de Lobera. Y con los veteranos escuadrones de lanceros México, Zamora, España, Tulancingo, Armijo y Morán. También están, una columna de granaderos, dos regimientos de caballería: San Luis y San Carlos, un batallón mixto y el escuadrón de dragones de Puebla.

Morelos tiene infantes y dragones en igual número, dominan la presencia de mulatos y negros costeños, recientemente adiestrados.   La artillería de los americanos insurgentes, es inferior a las fuerzas americanas realistas unidos a las españolas.

El sitio de Cuautla duró 72 días.  Cuautla no fue tomada. Sitiados   y habitantes no beligerantes pasaron  sed, hambre, enfermedades y cañoneos.   

La escena bélica le costó al gobierno virreinal quinientas sesenta y cuatro mil pesetas, sin costear municiones, alimentos, zapatos, y hospitales.

El  Virrey  Venegas  confiesa chistosamente: “Démosle gracias a este buen clérigo de que nos ha ahorrado la vergüenza de levantar el sitio, lo que nos habría hecho perder el poco concepto que conservamos”.

Morelos, Galeana, Leonardo Bravo, Víctor Bravo, Mariano Matamoros, actuaron en el sitio de Cuautla sin complejos de inferioridad de ningún tipo abatiendo el orgullo español, toda vez que gracias a los 72 días de lucha permanente, se enseñó al mundo de esos días la reciedumbre de los americanos capaces de organizar sus dignidades, y sus deseos de ser iguales a cualquier otro nacido con oportunidades.

Gabriel Agraz García de Alba, sintetiza la tarea de Mariano Antonio Matamoros al romper el sitio para traer vituallas, a los sitiados carentes de alimentos, agua, medicinas y útiles para el combate:

“Por el camino de Santa Inés, Matamoros y el Coronel Perdiz salen con cien hombres la noche del 21 de abril de 1812, para introducir  víveres y auxilios de fuera que estaban en Tlayacac conseguidos por Don Miguel Bravo. Calleja sabe de ello. Les prepara una emboscada perdiendo Matamoros el convoy.   Aún así, la fiereza de los cien hombres desbandó al Batallón de Lobera, de experimentados soldados recién llegados de España.

Después del fracaso de meter alimentos, medicinas y municiones  a Cuautla por Mariano Antonio y el Coronel Perdiz que muere en el intento, Morelos decide evacuar la plaza al comprender que la resistencia de sus gentes tiene un límite.  Sostener el sitio es imposible.

La huida será ejemplo bélico del ¿cómo retirarse ordenadamente procurando salvar  hombres, bestias y bagajes?

En la noche del 1 del 2 de mayo de 1812 la salida se hace en 3 columnas: 

Una bajo el mando de Don Hermenegildo Galeana.   

La 2ª  dirige el caudillo Morelos.

La 3ª son responsables Don Leonardo Bravo y Don Víctor Bravo.  

Cierra la retaguardia la caballería del capitán Anzures.

Félix María Calleja del Rey, a las 4 de la mañana aún no tiene cierta la información del rompimiento del sitio. A esa hora escribe al virrey una carta reveladora de su estado de ánimo:

“Conviene mucho que el ejército salga de este infernal país lo más pronto posible, y por lo que respecta a mi salud, se halla en tal estado de decadencia, que si no acudo, en el corto término que ella puede darme, llegarán tarde los auxilios”.  

Para acomplejados ante otras razas por su estatura, color de piel, de pelo, o de ojos, callen ante Lord Wellington, El Duque de Hierro: 

“En Cuautla, dice el inglés se han revelado tanto la sabiduría y el valor del general que la defiende como la ignorancia, del general  que la ataca”.

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