El domingo terminaron las pre-campañas; en abril inician las campañas presidenciales

Semana Política / Gabriel Sánchez Andraca

El domingo se terminaron las precampañas presidenciales, en las que se supone, que Andrés Manuel, José Antonio Meade y Ricardo Anaya, recorrieron el país para hablar con sus compañeros de partido, para pedirles su apoyo a fin de que sean designados candidatos del partido al que pertenecen o que los propone, a la presidencia de la República.

Los tres serán declarados candidatos por unanimidad. Eso de la democracia, de la elección abierta y transparente, son puros cuentos chinos. Desde el momento en que sólo un aspirante se inscribió en las diversas coaliciones o alianzas, quiere decir que son los famosos “candidatos de unidad”, aunque todos los partidos estén más divididos que nunca.

Seguramente que las campañas, estarán mejor que las pre-campañas. En estas, al principio los aspirantes se empezaron a descalificar, en vez de propuestas, de análisis de los problemas nacionales,  y de hacer planteamientos para su solución, se lanzaban insultos o acusaciones.

Alguien percibió lo nefasto que eso es para levantar el ánimo y la confianza nacional y el candidato del partido tricolor, José Antonio Meade, pidió cambiar los modos y el lenguaje de los aspirantes y parece que todos entendieron el mensaje y empezaron a suavizar sus palabras.

Las campañas que empezarán en abril, serán diferentes, nos comentó un viejo conocedor de estas cosas. Mejorarán substancialmente, dijo, para hablar a la gente de lo que realmente quiere escuchar: freno a la inseguridad, freno a la impunidad, freno a la corrupción, apoyo a las actividades agropecuarias, apoyo a la educación, en fin, los políticos deberán atender lo que realmente interesa a la gente o partidos y políticos serán mandados al diablo.

Por lo que respecta a las encuestas que se han venido haciendo, seguramente que van a cambiar, una vez que partidos y aspirantes a la presidencia, a las diputaciones federales y locales, a las gubernaturas en juego, y a las presidencias municipales, cambien sus estrategias, hablen con sus electores de todo lo que realmente les interesa.

Es prematuro afirmar, como lo hacen muchos encuestadores, quien o quienes van a triunfar en las próximas elecciones de julio. Faltan meses para que esto agarre rumbo.

Los políticos son muy dados a hacerse ilusiones, porque un alto porcentaje de ellos, vive fuera de la realidad. Sueñan y eso les impide ver lo que realmente está pasando en el país, en el estado o en los municipios.

 ¿Se acuerda usted de lo que pasó en las más recientes elecciones en el Estado de México?

Ahí el PAN lanzó a su mejor candidata, conocida por haber sido ya candidata a la presidencia de la República, doña Josefina Vázquez Mota, que era colocada en el primer lugar de las preferencias, ¿Qué pasó? Que la señora Vázquez Mota, quedó en cuarto lugar, que el PRI alcanzó el triunfo, que Morena logró el segundo lugar; que el tercero fue para el candidato del PRD y que Acción Nacional, se fue a la cola.

Influyen muchos factores para eso: la falta de organización, la carencia de infraestructura, la firmeza de convicciones políticas de un alto porcentaje de la militancia, la unidad de los militantes y la ausencia de pleitos por las candidaturas.

Lo hemos dicho aquí desde hace algún tiempo: los partidos y los políticos, no están pasando por sus mejores épocas. Por el contrario, nunca habían estado tan desprestigiados, nunca habían sido tan mal vistos, como ahora.

Y es que los pueblos también se cansan, se enojan, se irritan cuando son engañados, cuando ven que los políticos solo tienen el signo de pesos marcado en la frente; que los partidos no tienen ni idea de lo que está pasando en el país y por lo tanto, carecen de propuestas para resolver los problemas.

Las guerras, las revoluciones, tienen su origen en problemas económicos y desde la llegada del neoliberalismo a México, hemos tenido el problema de la agudización de la concentración de la riqueza en pocas manos, el empobrecimiento de las grandes masas; la reducción de las actividades agropecuarias a su  mínima expresión, el desempleo, el deterioro de la educación y de los servicios de salud pública.

La etapa neoliberal en México, nos ha llevado a una terrible crisis de inseguridad, al incremento de la pobreza, a la descomposición social; a que cientos de miles de nuestros campesinos emigren a las ciudades o al extranjero y a que también haya un deterioro de la clase política y sus partidos.

Han pasado 30 años de que el neoliberalismo económico tomó cartas en la vida de nuestra nación y desde entonces, todo se ha venido deteriorando. ¿No se habrán dado cuenta de esto, nuestros flamantes gobernantes?                     

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