La “cargada” como esencia del PRI #NicolásDávila

Afinales de 1928, al concluir su gobierno, el general Plutarco Elías Calles decidió unir a todas las facciones generadas por la guerra civil a través de un partido político que representara a todas las corrientes revolucionarias; así, en marzo de 1929 nació el Partido Nacional Revolucionario, que con Lázaro Cárdenas cambió su nombre por el de Partido de la Revolución Mexicana y al concluir el gobierno de Manuel Ávila Camacho se transformó en Partido Revolucionario Institucional.

El objetivo de Calles fue, además de la unificación de los grupos revolucionarios y la pacificación del país, erigirse como el caudillo único y manejar así las riendas del país.

Tras el asesinato de Álvaro Obregón, Calles designó a Emilio Portes Gil como presidente interino y también al primer candidato del PNR: Pascual Ortiz Rubio. Fue el mismo Calles quien promovió la renuncia de Ortiz para colocar en la silla presidencial a don Abelardo Rodríguez, y después llevó a la presidencia de la república al general Lázaro Cárdenas del Río.

Con Cárdenas terminó el maximato de Plutarco Elías Calles, pero quedó como parte de la política oficial el mecanismo para designar al candidato presidencial, el hasta hoy denominado “dedazo”.

Así, no fueron las bases del partido las que designaron como candidato presidencial a Manuel Ávila Camacho, sino el presidente saliente, y así fueron designados Miguel Alemán, Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, el asesinado candidato Luis Donaldo Colosio y su sustituto Ernesto Zedillo, así como al primer candidato mperdedor: Francisco Labastida Ochoa.

El “dedazo” se interrumpió con la candidatura de Roberto Madrazo, en 2006 y en 2012, el candidato Enrique Peña Nieto fue promovido por la empresa Televisa.

Hoy, a pesar del discurso del “nuevo PRI”, el antiguo mecanismo del “dedazo” vuelve a ejecutarse en todo su esplendor al ser designado el exsecretario de Hacienda José Meade Kuribreña como precandidato del PRI a la presidencia de la república.

En nada cambió la liturgia priista; a unas horas de haber renunciado a su puesto en el gabinete presidencial la CTM lo proclamó como el mejor candidato del PRI; lo mismo hicieron más tarde los otros sectores del partido.

Sin embargo, a pesar de la perfección con la que se llevó a cabo el ritual priista del “dedazo” y la ”cargada”, hay dos cuestiones que difícilmente podrán responder tanto los dirigentes como los militantes del Partido Revolucionario Institucional.

La primera cuestión es: ¿por qué el “nuevo PRI” no rompió con la costumbre del “dedazo” y asumió los principios de la democracia partidista, abriendo los espacios para que los aspirantes contendieran y fuesen las bases las que designaran a su candidato? En lugar de eso, volvieron a la costumbre totalmente antidemocrática de esperar el “dedo del señor” no para elegir, sino para rendirle pleitesía al “destapado”.

La segunda pregunta circula ya en la opinión pública: ¿por qué elegir como precandidato a un funcionario que no pertenece al partido y lo mismo ha laborado bajo las órdenes de presidentes priista que panistas? ¿Es que el PRI carece de políticos capaces?

La respuesta sólo puede ser una: es necesario continuar el proyecto económico y político impuesto desde el gobierno de Carlos Salinas y el indicado para ésto es Meade Kuribreña.

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