Hace unos años, se inició un movimiento en defensa de la vida, cuyo único objetivo era y sigue siendo la no legalización del aborto; hoy, a raíz de la iniciativa presidencial para establecer el matrimonio igualitario y la posibilidad de que parejas del mismo sexo puedan adoptar niños, se la levantado la bandera en defensa de la familia. Ambos movimientos nacieron y actúan como abanderados y defensores de los valores humanos de la vida y la familia, en concordancia con los principios y preceptos de la doctrina cristiana.

En cuanto al aborto, el movimiento “Pro Vida” siempre ha señalado esta práctica como un delito, en el ámbito civil, y un pecado, en el campo de la religión. Por tal motivo, ha considerado su pensamiento y sus acciones como orientadas a la defensa de la vida “desde el momento de la concepción”.

Así, además de un no rotundo al aborto y a su legalización, se ha opuesto a los métodos anticonceptivos, principalmente a la pastilla del día después.

El movimiento en defensa de la familia, surgió a propósito de la iniciativa presidencial que al proponer la aceptación del matrimonio entre personas del mismo sexo considera ésta como un atentado a la estructura familiar.

Está claro que la defensa de la vida y la familia es un objetivo plausible y pertinente con la situación que vive la sociedad actual. Sin embargo, ambos movimientos, el de no al aborto y el de la defensa de la familia carecen de una visión integral de estos problemas y han sido cooptados por intereses ajenos a sus objetivos primeros.

El aborto no es una causa, sino un efecto. En general, la mujer aborta por causas muy diversas, que van desde el cuidado de un prestigio social hasta las situaciones de extrema pobreza. En este abanico de causas podemos ubicar la irresponsabilidad de los adolescentes, la violación, la agresión sexual por parte de la pareja (novio o esposo), la situación de pobreza y el abandono que padece la madre de familia.

Asimismo, habrá que abordar los problemas a que se enfrenta la mujer por un embarazo no deseado, fruto de las causas arriba señaladas o algunas otras.

Hasta ahora, el rechazo al aborto y la defensa de la vida se ha quedado en un “no al aborto”, pero no ha planteado respuestas claras a las causas que lo provocan y mucho menos iniciativas que apoyen a la embarazada que no aborta y a su hijo.

Por otro lado, la defensa de la vida no termina con un no al aborto, la defensa de la vida implica luchar porque la sociedad le dé a la madre y al hijo una vida de calidad. Esto no sucede.

Si  miramos las estadísticas, nos daremos cuenta de que no se ha luchado por brindar a los niños una vida de calidad.

El informe anual de UNICEF 2015 registró en México 21.4 millones de niños en situación de pobreza y de ellos 4.6 millones en pobreza extrema. Las principales carencias son el no acceso a la seguridad social y la desnutrición. ¿Dónde están las instituciones que apoyen a la madre que decide no abortar a pesar de ser una mujer sola y en extrema pobreza?

Otros datos son el porcentaje de mujeres adolescentes que se embarazan: 9.55 por ciento, y los casos de niños abandonados en basureros, puertas de casas, parques: 1.6 millones de casos en 2013.

Puntualizo, no apoyo el aborto, pero es claro que un NO, es insuficiente para abordar un problema multifacético y mucho menos si este movimiento está encabezado por los sectores integristas e intolerantes de la sociedad.

Es el mismo caso de los defensores de la integridad familiar. Es claro que la familia es la célula de la sociedad. Sin embargo existen dos factores que el movimiento por la familia no ha tomado en cuenta: uno es la  diversidad de familias que existen en México, y otro los peligros a que éstas se enfrentan.

Hay familias nucleares (padre-madre-hijos), que es el ideal del movimiento en defensa de la familia, pero también hay familias donde conviven padres, hijos, abuelos, tíos, primos y hasta personas no parientes, además de las personas sin parentesco alguno que viven juntas y las familias rotas por la migración.

El movimiento en defensa de la familia, además, no abarca la problemática a la que se enfrentan todos estos tipos de familia: la pobreza, la migración, la violencia, el abandono que genera a familias monoparentales, principalmente encabezadas por la madre, ni toma en cuenta a los niños de la calle.

Así pues, defender la vida y la familia va más allá de un NO y de marchas multitudinarias, son necesarias acciones quizá menos ostentosas, pero más efectivas. Además, ni la vida ni la familia deben ser medios para lograr objetivos políticos o económicos.

 

 

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