Los viejos les fue bien, tienen derechoa la jubilación, gozaron de buen salario y prestaciones; pero nosotros ni antigüedad podemos hacer, tenemos salarios bajos y muy pocas prestaciones”. Estas fueron las palabras con las que un joven recién egresado de la universidad describió su situación laboral. Esta situación no es solo de él, son miles de jóvenes que por años aspiraron a concluir una carrera, tener un título profesional, para lograr mejores niveles de vida los que se enfrentan a esta realidad.

Cierto, hay muchos jóvenes profesionistas que han tenido la oportunidad de contar con empleos bien pagados, pero se enfrentan a dos situaciones a todas luces violatorias de los derechos laborales: la inserción a los nuevos mecanismos de jubilación a través de los fondos de retiro, manejados por empresas financieras, y el exceso de trabajo que les exige trabajar más de ocho horas al día, sin derecho al pago de horas extra.

Las nuevas generaciones que se insertan en el campo del trabajo son víctimas de situaciones de explotación, al amparo de la Reforma Laboral impulsada por los gobiernos de Felipe Calderón Hinojosa y de Enrique Peña Nieto.

La primera situación comprende la baja oferta salarial; las empresas ofrecen salarios de nivel técnico a jóvenes con estudios profesionales; así hay jóvenes ingenieros o licenciados con salarios no mayores a los seis mil pesos mensuales, con categorías propias de técnicos, pero desempeñando labores con mayores responsabilidades. México tiene un gran número de profesionistas que constituyen mano de obra barata a pesar de ser personal calificado.

Segunda situación es la negativa de las empresas a concederles antigüedad a sus trabajadores. En el caso del joven profesionista citado, está sujeto a contrato renovado semestralmente, de modo que con este sistema, se convierte en un trabajador eventual, sujeto a las condiciones laborales del empleador que, además de no concederle el derecho de antigüedad, así trabaje cinco o más años, puede despedirlo en cualquier momento sin que el trabajador tenga derecho a una liquidación digna.

Tercera situación es la carencia de las mínimas prestaciones laborales. Estos jóvenes contratados a través de este sistema de contratos temporales en la mayoría de los casos carecen de servicios médicos, no hay para ellos fondo de vivienda y no están afiliados a ninguna Administradora de Fondos de Retiro, lo que los pone en la más completa indefensión frente a la empresa y les niega la oportunidad de un futuro laboral seguro y digno.

Estas situaciones laborales, tanto las de jóvenes profesionistas bien pagado pero sujetos a cargas de trabajo en muchas ocasiones superiores a las 12 horas, como a los que son considerados mano de obra barata, son justificadas por el sistema económico dominante en México, con el argumento de que de este modo se atraen inversiones al país y se generan empleos.

Efectivamente, en estos postulados se sustenta el sistema neoliberal, convencido de que lo primero es generar riqueza que posteriormente sería distribuida entre toda la fuerza laboral para hacer realidad un mejor nivel de vida.

Pero la riqueza se genera sin que ésta llegue a toda la sociedad; por el contrario, se acumula en pocas manos de capitalistas nacionales y, en el caso de las empresas transnacionales, se traslada a los países de origen. De este modo, se abre más la brecha entre una minoría rica y una gran mayoría de personas en situación de pobreza o en clase media baja.

Otra situación que preocupa al sistema económico es el asunto de las jubilaciones. Efectivamente, este es un problema serio; sin embargo, se está abordando de manera equivocada. Por un lado, se tiene en la incertidumbre a un número de adultos mayores que se incrementa cada día, hombres y mujeres que entregaron gran parte de su vida a generar la riqueza de la que hoy gozan pocos mexicanos y que reciben en cambio una pensión raquítica, comparada con las ganancias de las clases privilegiadas.

Es precisamente con este argumento que se ha establecido el sistema de contrataciones temporales de los jóvenes profesionistas y el de los fondos de retiro. A los primeros se les niega la seguridad de un futuro que tarde o temprano llegará cuando toquen la frontera de la tercera edad sin ninguna protección; a los segundos se les ofrece una jubilación raquítica y devaluada con la que no podrán enfrentar su ancianidad.

Este es el sistema neoliberal del que el gobierno se niega a salir; por el contrario, estas medidas laborales no solo se están aplicando en las empresas privadas, sino también se han empezado a ejecutar en las universidades públicas, donde tanto al personal docente como al administrativo se les ha empezado a contratar por tiempo determinado.

El neoliberalismo no solo está vivo en México, sino que goza de muy buena salud. 

 

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