Gabriel Sánchez Andraca / Semana Política 

Le hemos dicho aquí que los tres partidos políticos que durante varias décadas fueron los más importantes del país tuvieron una descomposición interna que los llevó a quedar casi deshechos en la contienda electoral de 2018, misma que ganó un nuevo partido, Morena, que arrasó en las urnas ganando la Presidencia de la República con más de 30 millones de votos, algo nunca antes visto en la historia de México.

El caso es que, si esos tres partidos que fueron importantes durante mucho tiempo se derrumbaron estrepitosamente en una elección frente a un nuevo partido, que más bien fue lo que sus siglas indican, un Movimiento de Renovación Nacional, éste puede caer en las elecciones intermedias si no se olvida de ser movimiento para convertirse en un verdadero partido político nacional.

Los morenistas deben estar conscientes de que el ejercicio del poder desgasta a quien lo ejerce, sea persona física o moral, como lo estamos viendo, sobre todo porque quienes llegaron al poder carecen de una línea ideológica común, carecen de estructura y de organización, y muchos de sus militantes proceden de diversas formaciones políticas, tanto liberales progresistas, como izquierdistas moderados o acelerados y hasta de derecha y oportunistas.

Ordenar lo que está en completo desorden, conformar la estructura adecuada para hacer surgir a un partido bien organizado, bien disciplinado, no es nada fácil, pero tiene que hacerse.

Lo que hizo Morena en 2018 fue una revolución pacífica. Supo mover a las masas descontentas, totalmente inconformes con lo que los gobiernos priístas y panistas habían hecho desde el poder, provocando crisis económica, social y política en la nación que estaba en proceso de destrucción.

Dice en un artículo de opinión el historiador Pedro Salmerón Sanginés que el gran revolucionario ruso, León Trostsky, asesinado en México, por cierto, en los años cuarenta, dice en su “Historia de la revolución rusa” que la historia de las revoluciones es la de la irrupción de las masas en el gobierno de sus destinos. En los tiempos normales, el Estado está por encima de la nación, y la política la hacen los especialistas; pero cuando el régimen establecido se hace insoportable para las mayorías, éstas rompen las barreras que las separan de la palestra política, derriban a sus representantes tradicionales, y con su intervención crean un punto de partida para un nuevo régimen”. Eso es lo que logró Morena, y para conservarlo, para que el nuevo régimen tenga éxito, las masas que con su voto derribaron lo que ya los tenía “hasta la madre” deben organizarse en partido. Un partido bien estructurado, bien disciplinado, bien organizado y sobre todo, bien ideologizado. De lo contrarío, su victoria será efímera y podría derivar en un empeoramiento de todo, hasta llegar a una revolución armada que nadie quisiera. 

Hemos visto los problemas internos que muchos morenistas tienen entre sí y se hacen públicos, provocando desencanto, decepción y enojo entre sus simpatizantes, pero verdaderas campañas de desprestigio entre sus adversarios, que no son pocos.

En Puebla los pleitos entre algunos de sus diputados locales, originados por sus ambiciones desmedidas y su falta de madurez y de ideología política, la desmedida ambición de algunos alcaldes como el de Amozoc, que cree que puede incluir a toda su familia en la nómina sin que pase nada, o la ineficacia en el ejercicio del poder de otros, son una muestra de lo que podría ocurrir en Morena: que antes de tiempo se derrumbe la Cuarta Transformación sin haber concretado sus principales objetivos, y que el país caiga en una situación mucho más dramática de la que estamos viviendo.

 

Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

Más en esta categoría:

Contador de Visitas

 

contador de visitas para blog

Volver