Semana Política / Gabriel Sánchez Andraca

Hemos dicho aquí, que en la elección extraordinaria para elegir gobernador del estado, solo cuentan los dos pre-candidatos de Morena, pues ni el PRI, ni el PAN y menos el PRD, tienen la mínima posibilidad de triunfo.

Morena tiene una terna de precandidatos que son los únicos que han hecho precampaña, pero de esos sobresalen dos, entre los que se tomará la decisión. La senadora Nancy de la Sierra, ha realizado un buen esfuerzo, pero no llega a figurar como posible candidata. 

Esta lucha se decidirá entre Alejandro Armenta y Luis Miguel Barbosa.

Como partido primerizo, Morena ha estado cometiendo muchos errores en la precampaña, que han confundido a su propia gente.

En primer lugar, que su dirigente nacional haya tomado partido por uno de los precandidatos, al que ha promovido como seguro triunfador de la contienda interna. Eso ha provocado protestas y sobre todo confusión entre las bases “morenistas” y como consecuencia de ello, entre Armenta y Barbosa, se ha realizado una campaña de golpeteo tan intensa, que en vez de parecer miembros de un solo partido, parece que son enemigos irreconciliables y que tienen interés en provocar una división interna de incalculables consecuencias.

Pero no es culpa de ellos, sino de la dirigencia nacional de su partido que no ha sabido, tal vez por falta de experiencia, conducir la competencia interna como debe ser, totalmente imparcial.

Eso ha provocado incluso entre los ciudadanos comunes y corrientes, es decir, sin partido, comentarios negativos para Morena, acusando a ese partido de ser una copia fiel del PRI.

Aunque ambos pre-candidatos tuvieron sus inicios políticos en el Partido Revolucionario Institucional, ahora militan en un partido que se propone un necesario cambio de régimen, según han dicho y por lo tanto sus miembros y sobre todo sus dirigentes y candidatos deben actuar con congruencia.

La dirigente nacional de Morena, ha dicho que la encuesta que se realice para determinar quien es el triunfador de esta contienda interna, será secreta, lo que aumentará las sospechas de una imposición al estilo PRI.

Por otro lado, el insistente rumor de que se está buscando una alianza entre el PRI y el PAN, para derrotar al partido de López Obrador, es absurda y contraproducente.

Tal parece que nadie les ha informado a esos partidos, que están en terapia intensiva y que ni formando una alianza tienen la posibilidad de triunfo.

El famoso voto duro del PRI, ya no existe y el PAN, sin el sector “morenovallista” vuelve a sus orígenes en Puebla; es decir, un partido pequeño, sin posibilidades reales de ganar una elección.

El “morenovallismo” integrado por ex priistas, demostró en las elecciones en que participó, ser experto en compra de votos y sobre todo de funcionarios de casilla y después, de saber controlar a diputados locales, presidentes municipales y regidores, mediante el sistema de premios y castigos.

Lo sabían hacer tan bien, que superaron a los propios priistas inventores de ese sistema.

Si Morena no se decide a ser un verdadero partido político, bien integrado, bien estructurado, con una línea ideológica precisa y aceptada por todos sus militantes, se derrumbará en las elecciones para dentro de seis años, ya sin López Obrador al frente. Es partido de un hombre fuerte, de un solo líder. Faltando éste, el derrumbe será inevitable.

Morena es un movimiento en el que hay una mezcla de ex priistas, ex panistas, ex perredistas y de muchos arribistas que buscan colocarse a como de lugar, para obtener un beneficio personal o de grupo.

Lo dicho por Luis Miguel Barbosa, de que no se admitirán en su partido ni arribistas, ni oportunistas, es un buen deseo, pero nadie lo podrá evitar a menos que el Movimiento Regeneración Nacional, se convierta en un partido bien estructurado y sólido. 

Esa es la tarea más difícil que tiene el “partido” en el poder.

Los partidos políticos, dijo Manuel Gómez Morín, fundador del PAN, en 1939, deben ser escuelas de política.

Actualmente es una agrupación de personas provenientes de diversas formaciones ideológicas atraídas por un personaje carismático, pero sin línea ideológica común, que ya en el poder, lo estamos viendo con los diputados locales y muchos presidentes municipales que actúan sin sensibilidad social, sin oficio político, inmaduros, pero sobre todo, con una tendencia a pelearse entre ellos mismos, lo que podría conducirlos a su perredización; es decir, a dividirse en corrientes irreconciliables en su interior, que tendrían el mismo destino del Partido de la Revolución Democrática o tal vez peor.

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