Punto de Vista / Nicolás Dávila 

En una decisión inédita, el Senado de la República aprobó por unanimidad las reformas a la Constitución Política que dan paso a la creación de la Guardia Nacional, como institución clave para la seguridad pública en el país. Ahora, la minuta pasó a la Cámara de Diputados para su aprobación final, para después enviarla a los congresos de los estados. Si éstas reformas son aprobadas por la mayoría de las entidades federativas, serán promulgadas por el Poder Ejecutivo Federal. El siguiente paso es la elaboración, discusión y aprobación de la Ley Reglamentaria de la Guardia Nacional.

Dos aspectos conviene destacar en estas reformas que crean el nuevo organismo de seguridad: la unanimidad de los legisladores al aprobar las reformas y las razones de esta unanimidad.

Durante décadas, el Senado de la República fue unipartidista; establecido el partido hegemónico desde 1929, con la creación del Partido Nacional Revolucionario (PNR), convertido durante el gobierno de Lázaro Cárdenas en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y al final del sexenio de Manuel Ávila Camacho en Partido Revolucionario Institucional (PRI), éste fue el amo y señor del Senado.

Al lograrse los primeros triunfos de la oposición, el Senado empezó a vivir la pluralidad; sin embargo, nunca había logrado aprobar ley alguna por unanimidad, como sucedió el jueves pasado; con lo que los senadores mostraron que sí se puede llegar a acuerdos y legislar no en favor de un partido hegemónico, sino en favor de México. 

Ahora bien, ¿cómo se llegó a este acuerdo? Las palabras clave son: escucha y decide.

El Senado abrió un proceso de consulta donde participaron los partidos políticos, miembros de organizaciones sociales y de defensa de los derechos humanos, especialistas en temas de seguridad pública e instituciones internacionales. Pero lo importante es que esta consulta no fue un diálogo de sordos, como era la costumbre en el Poder Legislativo. Recordemos las “consultas” para la reforma energética: se dejó hablar a la sociedad, pero al final la decisión fue del Poder Ejecutivo y de los integrantes del famoso “Pacto por México”.

Ahora no fue así, se tomaron en cuenta todas las voces, el partido mayoritario fue capaz de escuchar y tomar en cuenta las aportaciones de todos los dialogantes; los senadores de oposición plantearon sus propuestas y valoraron las del proyecto oficial. Así, al final se lograron los acuerdos necesarios para que todas las fuerzas políticas votaran a favor de la creación de la Guardia Nacional.

Varios fueron los puntos de acuerdo que llevaron a reformar la iniciativa original, los principales son la decisión de poner al nuevo organismo de seguridad bajo un mando civil y determinar que, en un plazo de cinco años, las fuerzas armadas, que formarán parte de la Guardia Nacional a través de las policías Militar y Naval, regresen a los cuarteles.

Ahora se espera que la Cámara de Diputados haga eco a esta actitud conciliadora del Senado, para que la iniciativa pase a los congresos de los estados para su aprobación.

De este modo, quienes se rasgaron las vestiduras y le reprochaban al gobierno federal no cumplir con su promesa de campaña de regresar las tropas a los cuarteles, hoy se dan cuenta que las medidas no pueden tomarse de la noche a la mañana; el gobierno y el Poder Legislativo han sopesado la situación que vive el país y están tomando las medidas adecuadas para enfrentar el grave problema de la inseguridad.

Retazos

Puede ser que las encuestas den al Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) todas las posibilidades de triunfo en la elección extraordinaria de gobernador de Puebla; pero al interior del partido corre el descontento de los fundadores de ese instituto político en Puebla. Y es que, dicen, se les ha marginado al momento de tomar decisiones.

Su queja principal es que los aspirantes a la candidatura son morenistas de última hora (arribistas, dicen ellos); Barbosa viene del PRD, Nancy de la Sierra y Armenta militaban en el PRI apenas hace un año, Ramiro León Flores viene de Alternativa Social y los únicos militantes de la izquierda son Abraham Quiroz, académico de la BUAP, la profesora tehucanense Olivia Carrera Cabrera, quien ya buscó ser gobernadora interina, y Luis Ortega Morales, quien ha buscado siempre acomodarse en el grupo de izquierda que lleve las de ganar.

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