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¿Saqueadores o víctimas?

Por: Nicólas Dávila Peralta 

Los trágicos sucesos de Tlahuelilpan, Hidalgo, que suman ya más de un centenar de muertos y decenas de heridos, muchos de ellos con tal gravedad que se espera que de un momento a otro dejen de existir, han puesto sobre la mesa el tema de la pobreza y los saqueos que se han registrado –no desde ahora, sino de siempre- en tomas clandestinas de hidrocarburo; pero también en transportes de carga accidentados, en vagones de ferrocarril y hasta en tiendas de autoservicio.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador mantiene la tesis de que estos hechos tienen como origen la situación de pobreza en la que vive más de la mitad de los mexicanos. Sin duda, hay algo de razón en ello; sobre todo en familias de extrema pobreza que de este modo buscan paliar su situación; pero esto no explica la situación general, porque el saqueo y el robo son y seguirán siendo delitos, pese a los atenuantes.

Los que acudieron a surtirse de gasolina en el ducto roto de Tlahuelilpan no eran gente en extrema pobreza; muchos iban porque no había gasolina para sus vehículos; otros, fueron porque les dijeron que había gasolina gratis, lo cual significaba para ellos un buen negocio.

Lo mismo puede decirse de quienes saquearon un camión que volcó cargado de tomate o el que se accidentó con bultos de cemento y el transporte de ganado. En estos tres casos, la gente no fue a proteger la carga ni a tratar de reunir el ganado; fueron a apoderarse del tomate, del cemento y a capturar reses, matarlas y descuartizarlas ahí mismo, al borde de la carretera.

Es claro, ser pobre no da permiso para robar; el que saquea será siempre un saqueador, no una víctima. El problema es más profundo y se resume en una sola palabra: educación.

El gobierno ha decidido iniciar los programas sociales en los municipios aledaños a los ductos de Pemex, para evitar que continúe el saqueo; pero esta medida es un paliativo, no una solución. Mucha gente recibirá estos apoyos, pero si se le presenta la oportunidad de volver a saquear, si no es petróleo serán productos agrícolas o cualquier otro tipo de mercancía, seguramente volverán a hacerlo; porque no están educados para respetar lo que no es suyo.

La educación se origina en la familia; es ahí donde el niño aprende a respetar a los demás y a no apoderarse de lo que no le pertenece. Es en la familia donde se aprende a distinguir el bien y el mal, donde se educa para evitar el delito y buscar la justicia.

Es claro, también, que este problema tiene otra causa: el crecimiento de la delincuencia que ha permeado incluso la mentalidad de gran parte de la población que hoy ve con resignación la inseguridad o se siente amenazada por la delincuencia. Son las bandas y los cárteles quienes reclutan entre la población de escasos recursos a sus sicarios.

Así pues, la solución del problema va más allá de los apoyos económicos; hay que educar para la justicia y la paz y estructurar una estrategia contra el crimen organizado que libere a muchas poblaciones de la presencia de las bandas criminales.

Retazos

Los nombramientos de los funcionarios del gobierno interino de Puebla, indican un cambio en la correlación de las fuerzas políticas en el estado. El gabinete del gobernador Guillermo Pacheco Pulido lo integran lo mismo priistas que panistas e integrantes de la alianza “Juntos haremos historia”. Esta situación le ha dado vida a un PRI que parecía moribundo; ha vuelto al poder con un gobernador priista y, como lo marca la cultura del tricolor, el gobernador vuelve a ser el líder estatal.

Esto anuncia una contienda electoral que no será, como la anterior, una lucha entre dos partidos; habrá tres partidos compitiendo por la gubernatura en situaciones de igualdad. 

El PAN, huérfano y dividido, no tiene fácil ya el camino a Casa Puebla; Morena y sus aliados no cuentan ya con el “efecto López Obrador” y deberán mostrar la fuerza que en verdad tienen en el estado de Puebla; en tanto que el PRI, vuelve con nuevos bríos a luchar por recuperar un gobierno que hasta hace ocho años era suyo.

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