Por: Gabriel Sánchez Andraca

Además de los problemas de inseguridad, aumento de la criminalidad, desempleo, incremento de la pobreza y de la desigualdad, etcétera, el país que tiene un sistema democrático partidista, tendrá que enfrentar la inexistencia de verdaderos partidos políticos.

Los que se dicen partidos políticos, son membretes que no cumplen con los requisitos para poder ser considerados como partidos.

Carecen ya, de identidad ideológica; muy pocos de sus militantes saben cual es la doctrina que sustentan, bueno ya ni siquiera están seguros de si son de izquierda, de centro o de derecha.

Son grupos de hombres y mujeres, que en su mayor parte, carecen de vocación social, indispensable para cualquiera que se precie de ser político. No tienen ideología de ningún tipo, no tienen oficio, no conocen ni siquiera lo mínimo que hay que conocer de nuestra historia nacional y regional. Salvo excepciones, se meten a la política sólo para tener poder y dinero.

La percepción general de quienes no tienen ninguna filiación política, es que son oportunistas.

El estrepitoso derrumbe del PRI, las interminables divisiones y pleitos internos del PRD y las profundas divisiones al interior del PAN, permitieron que triunfara un partido que más que partido, es Movimiento.

En Morena, confluyen todos los militantes partidistas descontentos, inconformes con los partidos a los que venían perteneciendo y eso constituye una desventaja para quienes ahora están en el poder.

Hay necesidad urgente de iniciar un proceso de organización y estructuración de un nuevo partido progresista que tenga como base al Movimiento de Reconstrución Nacional que se preparen cuadros dirigentes, que se impartan cursos de democracia, cursos de política, cursos de historia nacional y de historia regional. Que Morena, se convierta en un verdadero, en un auténtico partido.

Pero también se necesita que los partidos que perdieron, se reestructuren, recobren su ideología, su declaración de principios y que en su régimen interno se guíen por los principios de la democracia, porque no se puede predicar y exigir afuera, lo que no se practica dentro.

La simulación, la incongruencia, fueron causa del derrumbe del PRI, del PAN y del PRD. Sus dirigentes deben tener eso muy en cuenta para no volver a cometer esos errores.

La mayor parte de los llamados partidos chicos, son meros membretes que tienen propietario y que sirven para ser aliados de los partidos más importantes y poder hablar de coaliciones, de frentes, de alianzas políticas.

Todos los inicios son difíciles, lo estamos viendo en el Congreso local, en el Congreso federal, en el Senado y sobre todo, en los ayuntamientos. Da la impresión de que se ha perdido el control del país, de que no hay gobernabilidad y que los malos, la delincuencia organizada y desorganizada, andan sueltos y no hay nada que los frente, que los ponga quietos.

Y cuando la policía mal preparada, mal equipada, sale a combatirlos, lo hace con tanta furia que hasta parece que los delincuentes son ellos. Como lo que acaba de pasar en San Juanico, en el estado de México, este inicio de semana.

Los dirigentes de los partidos, ya deberían estar trabajando en la estructuración y organización de sus militantes, en fortalecer sus filas, en divulgar sus principios, su ideología, pero nada de esto se ve.

Ni siquiera en el partido que triunfó arrolladoramente en las pasadas elecciones.

Los morenistas que tienen un cargo público, deben trabajar en él con su mayor empeño, pero los que no, ya deberían estar tratando de organizar a esa masa informe, variada, que fue fiel seguidora del único líder político que parece haber en México, Andrés Manuel López Obrador. No hacerlo, no tratar de convertirse en un verdadero partido, puede llevarlos a la debacle en poco tiempo.

Los priístas deben recobrar su identidad liberal, revolucionaria y nacionalista; los panistas deben seguir representando a la corriente conservadora que ha existido en México desde sus inicios como país y los del PRD, bueno pues esos deben decidir si quieren volver a ser un partido o dejarse absorber por Morena.

Concretamente en el estado de Puebla, el PRI ya tiene ocho años fuera del poder local y desde que en el 2010 perdió la gubernatura, parece ya no ver la suya, es un partido en desintegración.

Muchos priístas, empezando por Rafael Moreno Valle, se pasaron al PAN o a la coalición que se formó con ese partido. Eso ha dado lugar al surgimiento de la corriente morenovallista dentro del PAN, una corriente que no es ni priísta, ni panista sino todo lo contrario.

El PRD, se quedó prácticamente sin militancia, pero por lo menos tiene dirigencia, como la tienen otros partidos de la “chiquillería”. El PRD debe tomar conciencia de que ya es de esa chiquillada y en base a su nueva realidad, tratar de reconstruirse. Es necesario para que el país, para que el estado, puedan ir “por el camino correcto”, como dicen los clásicos.

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