Nicolás Dávila Peralta / Punto de Vista

Pasada la contienda electoral y la euforia del triunfo en los partidos de la coalición “Juntos Haremos Historia”, así como el impacto de la derrota –inesperada por los resultados- en los partidos que encabezaron las otras alianzas: PAN, PRD y PRI, ha iniciado la etapa de formación del nuevo gobierno federal y la de reestructuración de los partidos derrotados.

Sin embargo, la votación del 1 de julio, no solo expresó las simpatías por el candidato de Morena, sino que constituyó también una expresión de rechazo a la partidocracia imperante en el país, fruto del deterioro ideológico y político de los partidos políticos, convertidos en verdaderas agencias de colocaciones, reflejada en políticos dispuestos a cobijarse con la bandera del partido que garantice su ascenso al poder.

Esto, parece que no ha sido totalmente comprendido ni por los políticos ni por las dirigencias de los partidos.

El caso más notorio es el salto de muchos políticos panistas, priistas o perredistas, a las filas de Morena, no tanto por convicciones ideológicas, cuanto por lograr, a través del partido que ya en mayo se percibía como el ganador, un escaño en el Senado o una curul en las cámaras de diputados, tanto la federal como la local, o una alcaldía.

El Estatuto de Morena plantea como objetivo toral de esta organización, “un cambio verdadero” y es la condición que deben asumir sus afiliados, los cuales deberán afiliarse de manera individual y NO PERTENECER en el momento de su afiliación, a ningún otro partido político.

Sin duda, hay candidatos de Morena que hoy son alcaldes o legisladores electos y que han caminado siempre en las filas de la izquierda, hoy representada por este instituto político; pero queda la duda: aquéllos que apenas hace unos meses militaban en las filas del PRI, del PAN, del PRD, del Panal, ¿se habrán convertido de repente en militantes convencidos del proyecto político de Morena, o solo habrán logrado su objetivo personal de NO VIVIR FUERA DEL PRESUPUESTO?

La presencia de estos “chapulines” en cargos de elección popular bajo la bandera de Morena, es un riesgo para la realización del proyecto que se planteó a la ciudadanía y que logró el voto mayoritario de los ciudadanos mexicanos.

Por otro lado, los políticos, y los de Morena no son la excepción, están acostumbrados a esperar la “línea” de sus líderes; esto es un riesgo para el próximo partido en el poder, pues se corre el riesgo de caer en el vicio secular del PRI: que el partido y, con él sus senadores y diputados, se conviertan en un apéndice del gobierno, acríticos y sin iniciativa propia.

Por otra parte, los tres principales partidos derrotados: PRI, PAN y PRD, han convocado a un proceso de reflexión con miras a rehacer su presencia e influencia en la vida política de México.

El primero en reaccionar fue el PRI cuyo dirigente nacional, entonces René Juárez, llamó a la dirigencia a volver los ojos a las bases del partido, revisar formas y métodos de trabajo y cambiar aquello que lleve al partido a una mayor identidad con los sectores sociales del país.

Sin embargo, no bien habían pasado 15 días de las elecciones, cuando Claudia Ruiz Massieu Salinas asumió la presidencia del PRI. Para la opinión pública el mensaje pareció muy claro: Carlos Salinas tomaba el control del partido. Habrá que esperar qué sucederá en los próximos meses para conocer hacia dónde avanzará el otrora invencible tricolor.

Mientras tanto, el PAN y el PRD han centrado sus actividades en la renovación de su dirigencia nacional. En el primero, han empezado a sonar los nombres de quienes aspiran a dirigirlo, entre ellos el del exgobernador de Puebla Rafael Moreno Valle Rosas.

El PRD, sumido en sus divisiones internas, empieza a darse cuenta que el enemigo principal son sus “tribus” y todo indica que buscará superar esa estructura para dar los primeros pasos hacia su unidad. Sin embargo, ha quedado muy atrás el tiempo en que era uno de los tres partidos fuertes en la vida política de México.

Así pues, el futuro político de México no puede dejarse solo en manos de los partidos, es necesario que la sociedad, los mexicanos, estemos atentos a la conducta y los logros o errores del próximo gobierno y que los militantes o simpatizantes de los otros partidos, demanden su transformación, a fin de que rompan con el esquema de agencias de colocaciones para convertirse en verdaderos partidos políticos con ideología, principios y proyecto de nación.

 

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