Semana Politica / Gabriel Sánchez Andraca

Entramos ya de lleno, en la “etapa de reflexión”. Las campañas políticas más mortíferas de la historia, el saldo es de 133 políticos muertos, entre pre-candidatos, candidatos y políticos en ejercicio, nos dan una idea de la grave descomposición política del país, de la que se derivan, la descomposición social y la descomposición económica.

Fueron 26 estados los afectados con esta violencia inédita en procesos electorales del país.  

Los estados más afectados, fueron Guerrero y Oaxaca, el primero con 12  asesinatos de políticos y 14 de candidatos o aspirantes a serlo; el segundo con 21 asesinatos de políticos y 5 de candidatos o aspirantes a serlo.

Hubo además 47 tentativas de homicidio y 50 asesinatos de familiares de políticos.

Casi todos los partidos se vieron afectados por esa ola de violencia: suman 45 priístas; 20 morenistas; 18 perredistas; 14 panistas; 6 petistas; 6 de Movimiento Ciudadano; 6 sin partido; 5 de usos y costumbres; 4 del PVEM; 3 del PES y 6 de otras filiaciones.

Puebla no se salvó de la violencia política y el saldo fue de 8 asesinatos de políticos y 5 de candidatos o aspirantes a serlo.

Esta inédita violencia político-electoral, nunca antes se había registrado. Tal vez lo que la alentó, fueron las guerras sucias que surgieron dentro de la clase política.

Los candidatos, desde los presidenciales, hasta los aspirantes a presidentes municipales de pequeñas o medianas jurisdicciones, se sintieron obligados, impulsados por el ejemplo de los candidatos a presidente de la república o a gobernador de alguno de los 9 estados que tendrían elecciones para esos cargos, a descalificarse mediante acusaciones reales o ficticias, de corrupción o arbitrariedad a sus contrincantes y hasta a insultarse.

Eso provocaba el enojo de los atacados y respondían con la misma furia y en muchos casos dieron lugar a agresiones físicas a través de gente pagada para ello, lo que explica el que los autores materiales no hayan sido aprehendidos en la mayoría de los casos.

Esto es algo que no debe volver a ocurrir, porque nos exhibe ante el mundo entero, como un país atrasado y violento, sin democracia real y sin respeto a los derechos humanos.

Debe haber un proyecto de las nuevas autoridades, para culturizar a la población a fin de que los mexicanos aprendamos a resolver nuestras diferencias mediante el diálogo y no en forma violenta. Esto debe empezar desde la primaria, la secundaria y la preparatoria y extenderse a toda la población.

Y hablando de proyectos, los productores de leche esperan de las próximas autoridades del país, un proyecto para salvar a la ganadería lechera de México que está en proceso de extinción.

Por falta de apoyo a esta actividad, de la mayor importancia para la alimentación y la economía, somos dependientes en producción de lácteos. Firmas comerciales, la mayor parte de ellas extranjeras, controlan el mercado de leche y derivados de la leche, mediante la industrialización y comercialización de esos productos, que son elaborados con fórmulas químicas utilizando solo leche en polvo importada.

Los productores locales, sobre todo los medianos y pequeños, tienen que vender su producto a Liconsa empresa paraestatal o a empresas grandes que comercializan el producto en los supermercados, a un precio bajo, que no compensa ni siquiera la inversión y menos el trabajo de los ganaderos.

Las políticas agropecuarias de los últimos gobiernos mexicanos, han obligado a los pequeños y medianos ganaderos, a cerrar 600 mil establos, quedando ya solo una mínima parte, que es la que a través de la organización de productores y consumidores,  hace el llamado a las próximas autoridades, para tomar cartas en el asunto.

Dicen que el agravamiento de su situación, se inició con la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, que son los países que han salido ganando en esta lucha.

Contrario a lo que opina el presidente Peña Nieto, consideran que garantizar la independencia alimentaria, no es una política atrasada. Todos los países del mundo, buscan eso, producir los alimentos necesarios para atender la demanda de su población, porque eso garantiza su independencia y su soberanía.

Somos importadores de maíz, frijol y arroz, entre otras cosas, además de productor lácteos. Si uno de estos días despierta de malas el señor Donald Trump y decreta a través de un twit la no venta de esos productos indispensables para nuestra alimentación, qué vamos a hacer. Claro comprar en otras partes, pero los arreglos llevarán un tiempo y si lo logramos, continuaremos siendo dependientes.

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