Por: Nicolás Dávila Peralta
 
Andrés Manuel López Obrador y Morena, a seis meses de la gestión presidencial, siguen siendo considerados en el imaginario nacional como “la esperanza de México”, como un mandatario y un partido que encabezan un transformación real política, económica y social de un país golpeado por la corrupción, la inseguridad y la pobreza de más de la mitad de la población.
 
La tarea no es fácil, sobre todo porque se enfrentan a una oposición que aparece políticamente desorganizada y sin propuestas alternativas, pero que actúa a través de organizaciones de derecha con muchos rostros y un solo objetivo: el fracaso del gobierno actual.
 
El Presidente y su partido (Morena), se enfrentan, principalmente, a una derecha no fácilmente identificable. Los más conocidos, pero también los menos peligrosos, son los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, cuyas declaraciones y mensajes en las redes sociales llegan a lo ridículo.
 
Sin embargo, las organizaciones civiles de derecha, sobre todo las vinculadas a la organización secreta (reservada le dicen sus militantes) del Yunque, están activas.
 
Son ellas las que han organizado las marchas anti AMLO, las que saturan las redes sociales con una estrategia de desinformación que gira en torno a tres ideas: 1) López Obrador es incapaz de gobernar, 2) El país va a la ruina, 3) Avanzamos hacia un régimen comunista.
 
A esta estrategia se ha unido el sector ultraconservador de la Iglesia Católica que ha convocado a una jornada de oración y ayuno, desde ahora hasta el 12 de diciembre, para salvar a México del comunismo.
 
Afortunadamente, los efectos de esta estrategia en la opinión ciudadana han sido mínimos; pero los estrategas de la derecha están atentos a los errores tanto del gobierno como, sobre todo, de Morena. Cualquier traspié le brinda a la derecha un recurso más en su intento de hacer fracasar a la Cuarta Transformación.
 
La lección del PRD para Morena
Las desventuras del PRD iniciaron desde su fundación; integrado por grupos políticos de diversos orígenes e ideologías (priistas, comunistas, socialistas, maoístas, etcétera), pronto fueron surgiendo las “tribus” que respondieron más a sus intereses tribales o de sus caudillos que al proyecto de un partido de izquierda democrática. Hoy de ese partido que para muchos fortalecía a la izquierda, solo quedan las ruinas.
 
Su historia debe ser una lección para el partido hoy en el poder: el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), que ha logrado el apoyo de la mayoría de mexicanos que ven en él y, sobre todo en su fundador y hoy Presidente de la República, el inicio de una transformación profunda del país.
Por esto, los militantes de Morena deben tomar en cuenta la trágica lección del PRD.
 
El triunfo de 2018, no es una carta de impunidad para quienes ocupan un cargo púbico, sea como funcionarios del gobierno federal, estatal o municipal o para legisladores federales o locales. Cualquier error es un arma para la derecha radical.
 
Por esto, resulta cuestionable la decisión de la legislatura de Baja California, de reformar la constitución local para extender a cinco años la gestión gubernamental de quien los electores votaron para gobernar solo dos.
 
El problema es que se ha saltado al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación para imponer la voluntad de la mayoría legislativa de Morena para extender el mandato de un gobernador morenista.
 
A esto se unen los conflictos que podría enfrentar el partido en la elección de su próxima dirigencia nacional. Para Morena es momento de unidad; de lo contrario, empezarán a surgir los grupos de interés que pueden llevar a la división del partido, como lo fue el PRD.
 
La oposición apuesta a esa división, porque tienen el precedente del PRD que nació como la esperanza democrática de México y terminó en un conjunto de “tribus”, dispuestas a tranzar con el poder en turno a cambio de migajas de ese poder.
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