El miércoles 11 de septiembre se cumplirán 18 años del atentado perpetrado por 19 integrantes del grupo terrorista Al Qaeda contra las Torres Gemelas, ubicadas en el barrio de Manhattan, en Nueva York. Divididos en cuatro grupos, cada uno con un piloto entrenado, secuestraron cuatro aviones para estrellarlos contra objetivos específicos.
 
A las 08:46 (hora local) el primer avión se estrelló contra la torre Norte del World Trade Center (WTC), entre los pisos 93 y 99. El aparato era un Boeing 767 de American Airlines que cubría el trayecto de Boston a Los Ángeles, con 81 pasajeros y 11 tripulantes a bordo. La torre se incendió y, a las 10:28 se vino abajo.
 
A las 09:02 de la mañana, teniendo como testigos las cámaras de televisión que transmitían en vivo, el segundo avión, identificado como vuelo 175, con 65 pasajeros y 9 tripulantes, se estrelló contra la torre Sur, a la altura del piso 40, provocando que, 57 minutos más tarde, se desplomara con miles de personas en su interior.
 
Salvador Ventura...
“Al estrellarse el otro avión supimos que era un atentado”
 
Natali López / New Jersey
 
18 años de distancia del mayor atentado terrorista en varias décadas, Salvador Ventura, un empresario originario de El Salvador, propietario de conocidos restaurantes en New Jersey, recuerda cada detalle de la experiencia que vivió aquella mañana del 11 de septiembre de 2001, cuando una serie de atentados terroristas cambió la vida de millones de personas en Estados Unidos y el resto del mundo.
 
Refiere que esa mañana se encontraba trabajando con su hermano en un restaurant italiano cuando escucharon los gritos de una persona en el teléfono que les decía que se apresuraran a encender el televisor. “No teníamos idea de lo que pasaba…creímos que era un incendio, cuando en ese momento se estrella el otro avión; ahí supimos que era un ataque terrorista” señaló.
 
La noticia de los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono se regó de inmediato y llegó a todos los rincones del país y del mundo. La tragedia se apoderó del ambiente.
 
“Todo se puso triste, no había clientes, todos los canales hablaban sobre eso.
Por la tarde fuimos al Boulevard East (bulevar que se caracteriza por la vista panorámica de la ciudad de New York del lado de New Jersey) y era horrible lo que se veía ahí. Se distinguía en el ambiente un polvo en toda la parte del bajo Manhattan; era una situación muy estresante y triste”, rememoró.
 
Como si volviera a vivir esos momentos, Salvador recuerda que los vehículos, los carros de bomberos y las máquinas que se dirigían al lugar de la tragedia asemejaban una inmensa caravana. “En el restaurante, los días siguientes se veía un camino de ceniza; todos los voluntarios que iban a comer o tomarse un trago dejaban la ceniza.
 
Mi jefe nos comentó que no se limpiara, pues era el recuerdo de lo que habían sido las Torres Gemelas”, mencionó.
 
Los sucesos del 11 de septiembre dejaron en él y en sus hermanos una huella imborrable. “A nosotros nos afectó mucho, a mis tres hermanos y a mí, porque el restaurante donde trabajábamos siempre se encontraba lleno. La mayoría de los clientes que iban eran de Nueva York y trabajaban en la bolsa de valores. Después de los atentados la economía empezó a decaer, la situación siguió y tuvieron que vender el restaurante cinco años después”, comentó.
 
Los atentados del 11 de septiembre provocaron cambios en las leyes y las políticas migratorias de los Estados Unidos, las cuales se volvieron más rígidas. “Yo ya había metido mis papeles, iba todo en marcha, pero después del ataque se cerró la oficina de migración, y todo el proceso se alentó por algunos años. Fue muy complicado, en especial para todos los migrantes, todo ese proceso”, expresó.
 
Para quienes las vivieron de cerca, esas horas de pesadilla marcaron un antes y un después. “Para nosotros como familia, como migrantes salvadoreños, nos afectó mucho.
 
New York es una ciudad que no se apaga, y no lograron apagarla. Cuando pasó eso tú no querías cruzar a New York, tenías miedo, algo que sentías sin que te lo dijeran”, subrayó.
Sin embargo, a pesar del horror que se vivió ese día y los que le siguieron, poco a poco la vida fue volviendo a la “normalidad”, una normalidad que no logra borrar los recuerdos de esa mañana.
 
“Las enseñanzas que nos deja esto, es que te caes, pero tienes la fortaleza; que estás en un país grande y que no se queda en el piso y te puedes levantar con más fuerza. Trabajando fuerte pudimos reactivar la economía; con la familia salimos adelante, pero con recuerdos amargos de esta fecha”, concluyó.
 
Madre de Bin Laden: “Algunas personas le lavaron el cerebro”
 
Dieciocho años después del atentado contra las Torres Gemelas, Alia Ghanem, la madre del terrorista a quien se atribuyó el ataque al corazón económico de los Estados Unidos, rompió el silencio.
 
En una entrevista concedida en agosto de 2018 al rotativo británico The Guardian, la madre de Osama Bin Laden aseguró que hasta la adolescencia su hijo era “muy buen chico”, pero algunas personas “le lavaron el cerebro”.
 
Ghanem describió a Osama como un niño tímido, pero admitió que sufrió un cambio radical después de que ingresó a la Universidad Rey Abdulaziz, en Yeda, para estudiar la carrera de Economía.
 
"La gente en la universidad lo cambió. Se convirtió en una persona totalmente diferente. La verdad es que era un chico muy bueno hasta que conoció a una gente que, cuando tenía 20 años, le lavó el cerebro", enfatizó.
 
Aseguró que su relación con Abdullah Azzam, miembro de la Hermandad Musulmana, quien se convirtió en su guía espiritual, lo cambió radicalmente. “Recibía dinero por la causa. Siempre le dije que se mantuviera alejado de ellos, pero nunca me admitiría lo que estaba haciendo porque me quería mucho”, dijo.
 
Alia no sospechaba que Osama fuese un yihadista. Cuando descubrió sus actividades, su reacción fue de enfado. “No quería que pasara nada de esto. ¿Por qué tirarlo todo de esta manera?”.
 
La última vez que su familia vio a Osama fue en 1999, cuando lo visitaron en dos ocasiones cerca de la ciudad afgana de Kandahar.
 
"Su base estaba cerca del aeropuerto que capturaron de los rusos. Estaba feliz de recibirnos y de enseñarnos todo. Incluso hicimos una fiesta e invitamos a todo el mundo", recordó Ghanem.
 
A pesar de las evidencias, la mujer se niega a admitir que su hijo haya sido el culpable del ataque que arrojó un saldo sangriento de casi tres mil muertos y más de seis mil heridos.
 
En un momento en que la mujer se retira a otra habitación, sus hijos Hassan y Ahmad, hermanos de Osama, aseguran que su madre nunca podrá ser objetiva. “Han pasado 17 años desde el 11-S y ella sigue negándolo. Le quería demasiado y echa las culpas a aquellos que le rodeaban. Solo conocía su lado bueno, el que todos vimos. Nunca conoció el lado yihadista", admitieron.

 

 
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