“El Cachorro de San Isidro”: valentía en los ruedos, ternura en el hogar

**Dejó los estudios por el jaripeo**
 
**Después de cada monta regalaba a su esposa un muñeco de peluche**
 
Luis Felipe Castro-Miguel Cabrera / Izúcar de Matamoros, Pue.
 
A pesar de la oposición de su hermano mayor, quien se negaba a llevarlo a los jaripeos para que no siguiera sus pasos, Luis Alberto Reyes Cabrera no resistió la atracción por los ruedos y a temprana edad se convirtió en uno de los mejores montadores de la región, hasta que la fatalidad cortó su exitosa carrera.
 
Luis Alberto nació el 21 de enero de 1991 en Izúcar de Matamoros, en el seno del hogar formado por Rogelio Reyes Lezama, un antiguo minero, y Norberta Cabrera Alonso, un ama de casa. Fue el segundo de cuatro hermanos; los otros tres son Eduardo, de 30 años de edad; Yésica, de 24 años; y Daniela, de 23 años.
 
Su atracción por los toros surgió en los primeros años de su infancia porque su hermano mayor era montador; sin embargo, Eduardo se negaba a llevarlo a los jaripeos en los que participaba, porque no quería que se dedicara a esa actividad, por los riesgos que esta implicaba.
 
Su vocación terminó imponiéndose, y a los 14 años de edad Luis Alberto abandonó los estudios cuando cursaba el segundo grado de secundaria, para abrazar la carrera de jinete.
 
Como nombre de batalla adoptó el de “Cachorro de San Isidro”, en homenaje a su padre, quien desde niño lo llamaba cariñosamente “mi cachorro”, y como signo de identidad del lugar de donde proviene su familia: San Isidro, en el municipio de Izúcar de Matamoros.
 
-Sus primeras montas
 
Su primera monta la realizó en un jaripeo efectuado en la comunidad de Abelardo, y desde ese día los aficionados vieron en él una firme promesa para el mundo de los ruedos.
Con el paso de los años fue adquiriendo la experiencia que lo llevó a ser considerado uno de los mejores jinetes de la región y del estado de Puebla.
 
El nombre de “El Cachorro de San Isidro” se fue haciendo cada vez más famoso en los ruedos, llegando a otros estados e incluso al extranjero.
 
“El Cachorro de San Isidro” empezó a ser contratado para participar en ruedos de otras entidades del país e incluso en el extranjero, pisando las mejores plazas a nivel nacional, entre ellas El Relicario y La Monumental de Morelia, y enfrentando a las mejores ganaderías a nivel nacional, como Los Destructores de Memo Ocampo, Rancho La Misión, Rancho Las Cubatas y Rancho El Aguaje, entre muchas otras.
 
Aunque a lo largo de su carrera se impuso a toros de renombre dentro de la República Mexicana, como el “Fiesta Americana”, el “Antena Rota” y el “Fuerzas Especiales”, el que recordaba como su mayor triunfo, porque consideraba que fue el que lo llevó a destacar en los ruedos, era “El Sureño”, del rancho Los Destructores de Guillermo Ocampo.
 
Su talento y dedicación lo llevaron a convertirse en jefe de su propia palomilla, “Las Fieras del Cachorro”, por lo que se encargaba de realizar los contratos, cobrando aproximadamente 20 mil pesos por 6 jinetes.
 
En uno de los muchos jaripeos en los que participó, un toro “cabeceó”, fracturándole la mandíbula, la cual tuvo que ser cubierta con una placa de metal. Aunque “el Cachorro” comentaba que se alejaría de los jaripeos, en cuanto se recuperó de la cirugía a la que fue sometido, volvió a las andadas. El llamado de los ruedos fue más poderoso.
 
-Los peluches para su esposa
 
Pero si en los ruedos “el Cachorro de San Isidro” se caracterizaba por su valentía, fuera de los ruedos se transformaba y se convertía en un hombre tierno y detallista con su esposa Celia Gabriela Romero Martínez, con quien contrajo nupcias el 14 de mayo de 2011.
 
Con nostalgia, pero con un brillo especial en la mirada, Celia recuerda que, al terminar su participación en un jaripeo, Luis Alberto siempre le compraba un muñeco de peluche o un recuerdo del lugar donde actuaba, ya fuese una playera, un llavero o una lámpara.
 
Eran tantos y tan frecuentas los recuerdos que “Wicho” le obsequiaba, que en más de una ocasión ella le pidió que dejara de comprarle peluches, porque ya no cabían en su cama, a lo que él replicaba que era para que cada que los viese se acordara de él, cuando estuviera ausente o perdiera la vida.
 
Un detalle que Celia Gabriela recuerda de manera especial es el que Luis Alberto tuvo con ella apenas el 28 de julio pasado. En esa ocasión ella le llamó para decirle que asistiría a una fiesta, a lo que Luis Alberto le comentó que no podría acompañarla porque tenía un compromiso relacionado con su actividad.
 
Sin embargo, horas después él le llamó para preguntarle dónde se encontraba, y cuando ella le informó que estaba en la fiesta, con su mamá, él le pidió que saliera. Al hacerlo, descubrió al “Cachorro” afuera de ese lugar, con un muñeco de peluche en la mano.
 
Su suegra, Araceli Martínez Ruelas, lo recuerda no sólo como un esposo cariñoso y hogareño, sino también como un ser humano generoso y solidario. “Era capaz de quitarse el taco de la boca, para dárselo al quien más lo necesitaba”, asegura.
 
A pesar de que gran parte de su tiempo lo pasaba en el mundo de los ruedos, “el Cachorro de San Isidro” era abstemio. Su tiempo libre lo dedicaba a ir al cine con su esposa, salir a pescar, y sobre todo cultivar el jardín que tenía en casa de su suegra, quien no lo veía como un yerno, sino como un hijo.
 
-El fatal accidente
 
La madrugada del domingo 4 de octubre, cuando el reloj marcaba las 5:55 de la mañana, Luis Alberto se comunicó con su esposa para informarle que ya se encontraba en Huajuapan de León, Oaxaca, y que iba de regreso a Izúcar de Matamoros, después de haber participado en un jaripeo en Tepelmeme Villa de Morelos, en la vecina entidad.
 
Esa fue la última vez que tuvo contacto con él, pues a las 6:20 de la mañana ocurrió el accidente que costó la vida al “Cachorro de San Isidro”.
 
Con lágrimas en los ojos y la voz quebrada, Celia Gabriela recuerda que en los últimos días Luis Alberto se había mostrado particularmente feliz, con muchas ganas de vivir.
 
Su mayor temor había sido siempre morir, no tanto por lo que representaba para él su propia muerte, sino por dejar sola a su esposa. Desafortunadamente, sus temores se cumplieron esa fatídica madruga de domingo.
 
Paradójicamente, la noche anterior “el Cachorro de San Isidro” había derrotado al toro “Antena Rota” del Rancho Santa Mónica, en el jaripeo realizado en el marco de las festividades de Santo Domingo, en Tepelmeme Villa de Morelos, Oaxaca. Esa sería, a la postre, su última batalla dentro de los ruedos.
 
La Parroquia de la Asunción, en su natal Izúcar de Matamoros, fue testigo del último adiós que sus familiares, compañeros de aventuras y amigos, tributaron al “Cachorro de San Isidro”, un montador valeroso y un ser humano de gran valía. Descanse en paz.

 

 

 

 
Valora este artículo
(0 votos)

Deja un comentario

ICATEP
San Carlos
Melitón Lozano

Contador de Visitas

 

contador de visitas para blog

Volver